La gran pregunta, el gran dilema,
¿para qué sirven las ciencias matemáticas? Es la ciencia más abstracta,
la da soporte al resto de ciencias, pero a la vez es la ciencia más
incomprendida, más alejada de la cultura popular. Se suele alegar como motivo,
y como leitmotiv, que su utilidad en la vida cotidiana es dudosa.
Pero cuando alguien pregunta
"¿para qué sirven las matemáticas?", no se refiere a cómo y en qué se
utilizan las ciencias matemáticas, sino más bien "¿por qué tuve que
estudiar y aguantar eso toda la vida?". La respuesta es compleja,
como la raíz cuadrada de -1.
Hay dos respuestas tipo. Una, la
respuesta mayoritaria quizá, defiende que las matemáticas son una
estructura lógica que son bellas por sí mismas, que cuestionarse su
utilidad es como cuestionar la utilidad del amor o de la poesía. La
segunda respuesta va más a las matemáticas como base de un todo, y que sin
ellas no aguantarían los puentes, ni tendríamos computadoras, y que sí se
utilizan a diario, por ejemplo, en la seguridad bancaria y de internet se
utilizan números primos muy grandes para encriptar información... vamos,
la respuesta sería "las matemáticas están detrás de todo",
como la espalda.
Pero existe una tercera
respuesta, una respuesta como mixtura de estas dos y que alega lo
siguiente: es verdad que las matemáticas tienen una belleza propia, y no
tienen por qué tener una utilidad, es una torre lógica de
conocimientos absolutos, incuestionables; pero también es verdad que se
utilizan en cualquier ciencia, en cualquier tecnología, y están tras cualquier
modelo que intente explicar nuestra realidad; pero sobre todo, las
matemáticas gozan de creatividad y de lógica y todo lo permean, las matemáticas
doman la intuición humana.
Por ejemplo, si pudiéramos doblar
un papel de 1 milímetro de grosor (una hoja de papel A4 estándar) hasta 50
veces, nos daría la distancia que hay entre la Tierra y el Sol. Esto va en
contra de lo que nos diría nuestra intuición. Pero si haces las
cuentas, compruebas que es verdad.
Las matemáticas son bellas, sí,
son aplicables, también, pero sobre todo, hacen que nuestra intuición no
nos engañe, y que nuestra razón nos lleve a alguna verdad. Porque aunque
parezca que una piedra dure toda la vida, como un diamante, que se
regala como algo eterno, pues no. Un diamante no es para toda la vida,
pero un teorema... Eso sí que es una verdad para siempre. Una verdad
eterna.
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